Contra la sobreinterpretación del arte: una nueva forma de vivirlo

 

Foto de Una Laurencic: https://www.pexels.com/es-es/foto/mujer-sentada-sobre-otomana-delante-de-tres-pinturas-20967/

¿Acaso no podemos contemplar el arte, en todo su esplendor, maravillándonos con su estética, sin que nadie nos quiera explicar en detalle su “único” y “verdadero” significado? La sobreinterpretación del arte ha eliminado, en gran medida, lo que el propio lenguaje visual de las obras pictóricas puede expresar. De este modo, se ha suprimido toda interpretación personal y subjetiva de los espectadores. Considero que el espectador merece respeto y libertad para desarrollar su propio sentir con respecto a la obra; permitirle generar su diálogo interno. Por tanto, la explicación racional del arte pictórico reduce su lenguaje poético visual, pues, al sobreinterpretar con un discurso “objetivo” y “verdadero”, suprime lo que solo puede comunicarse gracias a la experiencia estética directa del lenguaje visual. Para sustentar mi opinión, considero pertinente explicar qué es el lenguaje del arte pictórico y el diálogo interno que este despierta. Con ello en cuenta, se verá el por qué la sobreinterpretación perjudica el arte y te propondré, lector, una nueva forma de vivirlo.

El lenguaje pictórico: su estética visual

Primero que nada, debemos entender los medios con los cuales el arte visual logra su acto comunicativo, por así decirlo, su gramática, si es que lo queremos comparar con el lenguaje escrito; sin embargo, en este campo lo llamaremos estética del arte. Del mismo modo que la escritura, el arte tiene diversos elementos, los cuales denominamos componentes visuales. Estos componentes y su modo de usarlos, su composición, son los encargados de la función expresiva o comunicativa, denominada experiencia estética.

Pero, ¿qué se entiende por estética del arte? Pues bien, esta se consigue a través de un conjunto de cualidades las cuales permiten la capacidad expresiva del arte. Según Aguilar Flores, “al referirnos al arte, las cualidades estéticas son algunas de las propiedades de las obras que las hacen valiosas por su aspecto exterior o apariencia, así como también, por aquellas características que nos permiten darles un sentido o significado”. Es decir, que, a través de estas cualidades estéticas, las obras logran su propósito comunicativo.

Las cualidades estéticas son un conjunto de propiedades que se estudian como base en las artes. Digamos, en mi caso como dibujante y pintor, son los llamados fundamentos, es decir, la base de toda construcción pictórica. Siguiendo a Aguilar Flores: en primer lugar, tenemos las cualidades sensoriales, referidas a cada elemento visual de la obra, por ejemplo, la línea, el color, las siluetas, etc., esto es a lo que los dibujantes y pintores llamamos componentes visuales, se puede comparar al léxico (palabras) de las lenguas. En segundo lugar, están las cualidades formales, referidas a la forma en cómo se combinan las anteriores para lograr decir algo, se puede comparar a la gramática de las lenguas, en las artes pictóricas, le llamamos composición. En tercer lugar, están las cualidades vitales, que se refieren a lo que, gracias a las dos anteriores, logra despertar en el espectador, ya sean sentimientos, recuerdos o reflexiones, en suma, su poder comunicativo. Por último, tenemos las cualidades técnicas, que se refiere al dominio técnico del artista, lo que, coloquialmente, se puede llamar “talento”.

Mi mentor en el dibujo y la pintura, el maestro y pintor Steve Huston, nos dice que las artes se manejan en un sistema binario: las partes y la relación entre las partes en un todo. Nos dice, pues, que en un baile no son solo los pasos, son los pasos y su relación entre cada uno en el conjunto total del baile; o que no solo se trata de un capítulo de una novela, sino que se trata de cómo cada uno de ellos se relaciona con los demás en la totalidad de la obra. Lo mismo ocurre en las artes visuales, donde cada elemento debe estar en correcta relación con el todo: un color es bueno si está en armonía con los demás colores, en su relación con el todo. De este modo, el lenguaje visual consta de una serie de componentes básicos, los cuales se relacionan en una sola obra pictórica para lograr su propósito comunicativo a través del dominio técnico del artista. “El arte, por lo tanto, no es más que otro lenguaje, y las líneas y los tonos de un artista expresan conceptos del mismo modo que lo hacen las palabras de un escritor” (Huston 10).

El diálogo interno: la magia del arte

Lo visto en la sección anterior, sobre el lenguaje visual y su poder comunicativo a través de la estética del arte, todo su conjunto es con un solo propósito: despertar un diálogo interno en el espectador. Con esto me refiero a que una obra de arte, sea una pintura, una canción, un libro, ha de apelar a nuestras emociones. Pero, ¿a qué me refiero con ello?

El diálogo interno es aquel que se despierta en cada individuo, de forma única, pues únicos son los momentos de la vida que vivimos. Ninguna persona es igual a otra, cada uno ha experimentado la vida de formas únicas. Aquí entra la magia del arte, pues es un lenguaje subjetivo y sugestivo; no es ni objetivo ni explícito. Por tanto, cada obra será contemplada de forma única por cada espectador. Piensa en tu libro favorito, ¿te dice lo mismo o despierta en ti lo mismo que a otras personas? Seguramente no, seguramente te hace recordar momentos de tu vida que solo tú conoces, sentimientos que, quizás no sepas explicar, pero que sabes que están ahí. “Los objetos que provocan una emoción estética varían con cada persona. Los juicios estéticos son, como dice el dicho, cuestión de gustos […]” (traducción propia, Bell 3). De este modo, al contemplar las obras, cada uno de nosotros las verá de forma única. He creado obras con una intención específica que, al exhibirlas, los espectadores las ven de forma totalmente distinta, con su propio diálogo interno, no impuesto por mí, ni por nadie más.

Imagina que vas a un concierto, o al cine, lo que tú prefieras, y te preparas para disfrutar con toda tu alma de dicho evento. Pero entonces, un “experto” se acerca a ti y, conforme avanza el concierto o la película, en cada momento te dice al oído lo que “significa” la pieza y cada uno de sus elementos que la componen. Te dice que X nota musical representa la lucha de los oprimidos contra sus opresores, o que X verso o diálogo representa la vida después de la muerte y cómo todos nos pudriremos en el infierno, ¿verdad que sería molesto? Pues bien, ¿por qué lo permitimos en las obras pictóricas como el dibujo, la pintura y demás? Si bien puede que una obra para ti no despierte nada, para otros puede hacerlo, pero estoy seguro que sería fastidioso que alguien empiece a decirte que tu modo de sentir es erróneo y que no tienes idea de arte, que eres un ignorante. Nada más nos faltaría que debamos ser expertos en tal arte para disfrutarlo, si fuese el caso, casi nadie consumiría música o cine.

Pues bien, es gracias a la experiencia estética del arte, a través de su lenguaje propio, que nos hablará la obra personalmente, nos hará pensar en algo específico, reflexionar sobre algo, sentir algo. Y no importa que sepamos, o no, con certeza qué es eso, a veces pensamos, “no sé qué es, pero siento algo al ver esa obra”, y eso es lo que el arte busca, no una narrativa cerrada y cuadrada, busca ese diálogo interno. “Ni la fantasía ni el mito son verdaderos para la cabeza, pero sí lo son para el corazón, y es en el corazón donde crece el arte” (Huston 9).

La sobreinterpretación: suprimiendo todo diálogo interno

Como se ha visto, abogo por una experiencia personal, única, subjetiva y emocional del arte. Pero, ¿de verdad es tan dañino lo que llamo aquí sobreinterpretación del arte? Con este término me refiero a aquel discurso artificioso sobre la obra, sobre si tal flor del bodegón representa tal cosa y entonces la obra nos dice que no sé qué; pero entonces la otra flor al lado dicen que también apela a tal cosa y por tanto la obra ahora significa tal otra. Es decir, a esa explicación de cada elemento y de cómo el conjunto de elementos dice — objetiva y realmente — qué expresa la obra. Pues bien, este discurso, como todos, es creado por alguien ajeno, son las ideas de otro individuo, y seguramente este individuo ni siquiera se da cuenta del por qué lo piensa así. Se ha olvidado que alguien más le enseñó a pensar así.

En las pequeñas y pocas exposiciones de mis obras que he tenido, he podido observar que cada persona veía de forma única a la obra. Formas en las que ni yo había visto mis propias creaciones, cada individuo tenía su propia forma de ver las obras. Quizás algunas no les decían nada a una persona, pero a otra, sí. Y escuchar lo que cada espectador dice sobre la obra es algo muy enriquecedor, te dice que, como autor, has logrado crear algo que se expresa por sí mismo y que no necesitas explicar absolutamente nada. “Interpretar es empobrecer, reducir el mundo, para instaurar un mundo sombrío de significados. Es convertir el mundo en este mundo (¡«este mundo»! ¡Como si hubiera otro!)” (Sontag y Rial 20).

De nuevo apelo a mi mentor, Steve Huston, pues él nos dice que nuestro trabajo, como artistas, termina al crear la obra, su posterior significado dependerá de cada espectador. De este modo, no me corresponde decir lo que, para mí, significa mi obra. Si eso aplica para nosotros los autores, ¿cómo es posible que “expertos” ajenos impongan sus propios significados? “La interpretación, aplicada al arte, supone el desgajar de la totalidad de la obra un conjunto de elementos (el X, el Y, el Z y así sucesivamente). La labor de interpretación lo es, virtualmente, de traducción. El intérprete dice: «Fíjate, ¿no ves que X es en realidad, o significa en realidad, A? ¿Que Y es en realidad B? ¿Que Z es en realidad C?»” (Sontag y Rial 17–18). El crítico de arte no es la pieza comunicativa ni conectora, la obra de arte lo es, y no hace falta un intérprete, pues tiene su propio lenguaje, su propia forma de comunicar, y esta es única en cada espectador.

Sobreinterpretar la obra es suprimir el poder comunicativo tan único y maravilloso de las obras pictóricas. No es un lenguaje directo, explícito; más bien, es sutil, insinúa, despierta y evoca emociones; no le habla a la razón ni al intelecto. “Las metáforas y el mito enlazan directamente con el corazón y pasan a la cabeza, y este es el gran poder del arte. Tener una visión de cómo las cosas se combinan y luego plasmarla es un reto que puede llegar al alma y que susurra pequeñas gotas de sabiduría sobre la vida, una sabiduría para la que ni siquiera tenemos palabras” (Huston 189).

La nueva función del crítico de arte: el contexto de la obra

Ahora bien, ¿qué pasa con hablar sobre el contexto de la obra, es eso parte de la sobreinterpretación? Mi respuesta es: no. El contexto podría malentenderse como ser parte de la sobreinterpretación, pues son similares en una sola cosa: la narración a través de un discurso. Pero tienen sus diferencias, como veremos en este apartado.

Hay mucha diferencia entre la sobreinterpretación de las obras y su contexto. El contexto nos ayuda a ver las motivaciones del artista, a ver el por qué se decantó por alguna temática específica o por un modo de hacer las cosas. Saber el porqué Roberto Ferri pinta esas escenas mitológicas, dramáticas y fantásticas de ese modo, tan único de él, nos ayudará a tratar de entender sus motivos, pero nada más. El trabajo de vivir y sentir sus obras es completamente nuestro. Piensa en aquella canción o película que te toca el alma en lo más profundo, que te remueve tus sentimientos de una forma inexplicable. Nadie te impuso esos sentimientos, sólo tú, tu propia existencia. Pues bien, quizás conocer un poco del contexto de la pieza sea algo que te impacte y te haga entender el porqué del autor, pero no te impone otro significado, como lo hace la sobreinterpretación. El contexto sólo amplifica lo que tú puedas interpretar, no suprime, no impone, solamente te dice “qué pasó” para que esa pieza se haya creado.

Ahora bien, con ello en cuenta, creo que la labor del crítico de arte, del curador o de algún otro profesional similar, debería estar muy alejado de la creación de discursos sobre el “significado” de las obras. Oye, pero, “¿y las obras que necesito que me expliquen para entenderlas?” Bueno, querido lector, deja que te pregunte algo: ¿de verdad consideras a una pieza como obra de arte si falla en su principal labor comunicativa? Como hemos visto, sabemos cómo funciona el lenguaje visual para evocar emociones; las piezas que carecen de toda cualidad estética no son arte — así de sencillo –. Quitándonos eso de encima y volviendo a las verdaderas piezas de arte, creo que la labor del crítico o curador es simple: ayudarnos a ver más allá de lo obvio. Similar a un buen docente, el cual no impone sus conocimientos en sus alumnos, sino que les ayuda a tener un pensamiento crítico y autónomo. El crítico de arte no impone su narrativa a los espectadores, sino, más bien, les ayuda a construir un diálogo interno más rico y fundamentado, así como a afinar su propia mirada, dándoles el contexto para que ellos se cuestionen sobre el diálogo interno que tuvo el artista al crear dicha pieza. De este modo, el crítico de arte enriquece a la obra ayudando al espectador a crear su diálogo interno y a cuestionar el del autor, no imponiendo su narrativa.

Además de lo anterior, este contexto nos enriquece como individuos. Pienso, por ejemplo, en la gran cantidad de obras inspiradas en la cosmovisión grecolatina, es decir, de la Antigua Grecia y la Antigua Roma. Un buen análisis, en mi opinión, de cualquier obra inspirada en Galatea, debería contener una breve explicación de quién es dicho personaje mitológico, las historias creadas alrededor de ella y cómo los antiguos griegos veían e interpretaban al mundo a través de ella. Esto, en absoluto, no impone nada, simplemente aporta nuevos conocimientos acerca de cómo otras culturas veían la realidad. Por tanto, la visión se enriquece, las herramientas culturales aumentan y permiten un diálogo interno más rico y que va más allá de lo obvio y conocido por nuestra cultura.

En suma, el contexto de la obra enriquece todo el entorno del arte, y es aquí donde el crítico debe ser la guía, no la imposición. Con ayuda de una nueva forma de entender el lenguaje visual, el crítico de arte enseña a leer este nuevo lenguaje, a leerlo a través de las emociones, no de la razón a través de discursos artificiosos; además, aporta una serie de conocimientos que amplían nuestra forma de ver las cosas. No es mi intención decir que el crítico no tiene espacio en el arte, todo lo contrario, creo que su labor es importantísima, pero esta labor debe estar bien dirigida, como clarifico en el párrafo previo. “La función de la crítica debería consistir en mostrar cómo es lo que es, inclusive qué es lo que es y no en mostrar qué significa” (Sontag y Rial 27).

Conclusión

Como hemos visto, “entender” el arte es mucho más simple de lo que nos han hecho creer, el problema principal radica en querer imponer narrativas al arte a través de racionalizar y sobrepensar las obras con base en “teorías” racionales, poco cercanas al verdadero arte. Recordemos que el lenguaje visual nos comunica a través de la experiencia estética, evocando un diálogo interno en cada individuo, esto enriquece a toda obra de arte. Por el contrario, una sobreinterpretación suprime y cierra todo acto comunicativo de la obra. Crecemos en un mundo racional, objetivo y claro como el agua, donde el lenguaje es explícito y directo, ya no hay cabida para lo emocional, pues hasta el arte ha caído en las garras de la razón. Por el contrario, yo abogo por una eliminación de toda sobreinterpretación “racional” de las obras de arte a cambio de esta nueva forma de dialogar el arte.

De este modo, el arte se enriquece, además, se vuelve más accesible a todo individuo, eliminando esa soberbia en donde “entiendes o no el arte”. El arte es para todos, no para ese grupo de “expertos” que “sí entienden el arte”, que más que entender de arte, entienden el discurso que ellos mismos han inventado alrededor de las obras. Te invito, querido lector, a apreciar las obras de arte a tu modo, con tu propio diálogo interno. Espero que puedas disfrutar tanto del arte como yo lo hago.

Referencias

Aguilar Flores, Verónica. «La estética, el poder del arte». Revista Fuera del Aula, 3 de diciembre de 2024, https://revistafueradelaula.ibero.mx/la-estetica-el-poder-del-arte/.

Bell, Clive. «Art as significant form». Aesthetic: A critical anthology, 1989, pp. 73–83.

Huston, Steve. Dibujo de la Figura Humana. Técnica de los artistas clásicos. Librero b. v., 2021.

Sontag, Susan, y Horacio Vázquez Rial. Contra la interpretación. Alfaguara Buenos Aires, 1996.