Luna de hiel
Ni siquiera el más vívido de los sueños podría compararse a la pesadilla que vivimos, o mejor dicho, aquella en la que morimos; ninguna de las palabras existentes en el mundo es suficiente para describir el horror de la realidad, una realidad que irrumpió de forma súbita y cruel, desgarrando en un instante toda aquella masa de vida formada a través de millones de años. En noches anteriores, hipnotizada por el esplendor de una luna llena, jamás habría imaginado que toda aquella belleza sería capaz de irradiar un poder tan destructivo. La noche de aquel lunes 28 revelaba su particularidad en cada detalle: el cielo sin nubes, tatuado de estrellas, el tenue viento que difundía consigo el aroma del pan recién horneado en toda la plaza principal, el crujir de las hojas secas bajo los pies de los transeuntes. Todo parecía haber sido dispuesto a la perfección, quizá no sería más que una complaciente casualidad o, quizá, capricho de (algún) Dios. La luna brillaba sobre nuestras cabezas, coronan...